lunes, 14 de marzo de 2011
(CNNMéxico) — Moammar Gadhafi aseguró este martes en un mensaje a sus seguidores en la Plaza Verde de Trípoli que no abandonará el país después de las recientes protestas. "Terminaré como un mártir", dijo antes de amagar con la ejecución para aquellos que ataquen a Libia.
La pena de muerte, dijo, se aplicará a quienes cooperen con el extranjero, ataquen al país o hagan daño a la infraestructura. También contra quienes se alcen en armas o lleven a cabo acciones hostiles contra Libia.
“Vamos a hacer que esta gente lamente lo que ha hecho, van a venir implorando perdón, pero no van a ser perdonados”, aseguró en un mensaje que fue televisado.
El líder libio denunció ante seguidores congregados en la plaza Verde, en Trípoli, que los países extranjeros y la prensa intentan desestabilizar al país y que la imagen que muestran no coincide con la realidad.
Delinea su final
La aparición del líder libio que ha gobernado al país durante 42 años ocurrió horas después de versiones que hablaban de que viajaría a Venezuela y de voces de la comunidad internacional que se han sumado a la condena de la violencia del Estado en contra de ciudadanos. Muchos, inclusive, han pedido su dimisión.
"Terminaré como un mártir. No puedo huir de aquí. Mi padre, mi abuelo y mis tíos fueron guerreros", aseguró en su mensaje. "Libia nunca se va a rendir", agregó el mandatario, que insistió en que el país se encuentra en paz.
"Si tuviera una posición de gobierno habría renuncia y les habría tirado la renuncia a la cara, pero ese no es el caso. Yo no le tengo miedo a nadie", aseguró Gadhafi, quien se define a sí mismo como líder de la Revolución, ya que el cargo de presidente no existe en el país.
En cuanto a las protestas generadas en el país, dijo que las habían ocasionado jóvenes de "entre 16 y 17 años influenciados por el extrajero, en especial, desde Túnez". Gadhafi los calificó como mercenarios, "traidores que sirven a intereses extranjeros", y aseguró que se trata de un pequeño grupo que ha asaltado barracas, estaciones de policía y ha querido quemar los archivos que contienen investigaciones sobres sus delitos.
"Son una minoría terrorista"
Por ello, insistió, Libia tomará medidas extremas contra quienes llamó traidores. Además, convocó a sus seguidores a sumarse en contra de quienes atentan contra el país.
"Persigan, arresten a esa gente, sométanla a la justicia, son una minoría terrorista", ordenó. Les pidió que se organicen en comités de defensa de logros populares y comités locales de seguridad y que salgan a la calle a partir del miércoles a detener a los manifestantes que han participado en protestas la última semana para exigir el fin de su gobierno de 42 años.
Los llamó a defender el petróleo, las instalaciones claves. "A partir de mañana vamos a establecer un nuevo gobierno", aseguró.
El mandatario dijo que la mayoría de los fallecidos en las revueltas eran soldados, policías y algunos jóvenes.
El lunes Gadhafi apareció en televisión para desmentir que había huido a Venezuela como aseguraban versiones. Su hijo, Saif al-Islam, envió un mensaje a través de la televisión el domingo en el que advirtió a la población que las protestas traerían hambre, cierre de escuelas y el retiro de empresas petroleras.
Este martes, la fuerza aérea libia bombardeó varios sectores de Trípoli donde había manifestantes, según la cadena de televisión Al-Jazeera.
La cifra de muertos desde que iniciaron las protestas es de al menos 233, de acuerdo con Human Rights Watch.
La pena de muerte, dijo, se aplicará a quienes cooperen con el extranjero, ataquen al país o hagan daño a la infraestructura. También contra quienes se alcen en armas o lleven a cabo acciones hostiles contra Libia.
“Vamos a hacer que esta gente lamente lo que ha hecho, van a venir implorando perdón, pero no van a ser perdonados”, aseguró en un mensaje que fue televisado.
El líder libio denunció ante seguidores congregados en la plaza Verde, en Trípoli, que los países extranjeros y la prensa intentan desestabilizar al país y que la imagen que muestran no coincide con la realidad.
Delinea su final
La aparición del líder libio que ha gobernado al país durante 42 años ocurrió horas después de versiones que hablaban de que viajaría a Venezuela y de voces de la comunidad internacional que se han sumado a la condena de la violencia del Estado en contra de ciudadanos. Muchos, inclusive, han pedido su dimisión.
"Terminaré como un mártir. No puedo huir de aquí. Mi padre, mi abuelo y mis tíos fueron guerreros", aseguró en su mensaje. "Libia nunca se va a rendir", agregó el mandatario, que insistió en que el país se encuentra en paz.
"Si tuviera una posición de gobierno habría renuncia y les habría tirado la renuncia a la cara, pero ese no es el caso. Yo no le tengo miedo a nadie", aseguró Gadhafi, quien se define a sí mismo como líder de la Revolución, ya que el cargo de presidente no existe en el país.
En cuanto a las protestas generadas en el país, dijo que las habían ocasionado jóvenes de "entre 16 y 17 años influenciados por el extrajero, en especial, desde Túnez". Gadhafi los calificó como mercenarios, "traidores que sirven a intereses extranjeros", y aseguró que se trata de un pequeño grupo que ha asaltado barracas, estaciones de policía y ha querido quemar los archivos que contienen investigaciones sobres sus delitos.
"Son una minoría terrorista"
Por ello, insistió, Libia tomará medidas extremas contra quienes llamó traidores. Además, convocó a sus seguidores a sumarse en contra de quienes atentan contra el país.
"Persigan, arresten a esa gente, sométanla a la justicia, son una minoría terrorista", ordenó. Les pidió que se organicen en comités de defensa de logros populares y comités locales de seguridad y que salgan a la calle a partir del miércoles a detener a los manifestantes que han participado en protestas la última semana para exigir el fin de su gobierno de 42 años.
Los llamó a defender el petróleo, las instalaciones claves. "A partir de mañana vamos a establecer un nuevo gobierno", aseguró.
El mandatario dijo que la mayoría de los fallecidos en las revueltas eran soldados, policías y algunos jóvenes.
El lunes Gadhafi apareció en televisión para desmentir que había huido a Venezuela como aseguraban versiones. Su hijo, Saif al-Islam, envió un mensaje a través de la televisión el domingo en el que advirtió a la población que las protestas traerían hambre, cierre de escuelas y el retiro de empresas petroleras.
Este martes, la fuerza aérea libia bombardeó varios sectores de Trípoli donde había manifestantes, según la cadena de televisión Al-Jazeera.
La cifra de muertos desde que iniciaron las protestas es de al menos 233, de acuerdo con Human Rights Watch.
REVOLUCION EGIPCIA
Lo primero que uno siente al ver un millón de personas vociferantes en la plaza Tahrir del Cairo y alrededores es alivio, porque para cualquier amigo de la democracia la larga edad de hielo que ha vivido el mundo árabe en la materia es exasperante. Las dictaduras son la norma en esta parte del mundo, y las únicas tendencias que parecían prosperar allí eran los fundamentalismos islámicos de variado cuño. Uno tendía a pensar que el fanatismo religioso, la tradición autoritaria y el dinero corruptor eran suficientes para vacunar a la región contra la democracia. No es así y pase lo que pase el futuro promete ser mejor que el pasado.
Aunque Egipto no tiene petróleo, no se debe subestimar ni por un instante su importancia estratégica. No sólo es el país más poblado del Medio Oriente, sino que hace muchas décadas actúa como precursor ideológico del mundo árabe. La zona a su vez es geopolíticamente crucial en el mundo —muchísimo más que América Latina, valga el ejemplo— debido a las inmensas reservas de hidrocarburos que alberga, imbricadas en una muy peligrosa volatilidad política de la que los eventos recientes son apenas una muestra.
Si se quiere entender lo que está en juego, piénsese en la consecuencia inevitable de toda revolución: el cambio. ¿A quién le aprovecha el cambio no sólo en Egipto, sino en el Medio Oriente, y a quién no? Es más fácil responder la segunda parte de la pregunta. El cambio no favorece a Estados Unidos ni al resto de Occidente, pues ellos nunca se interesaron en promover la democracia en la región. Da risa ver a los gringos descubrir ahora que un presidente que lleva 30 años en el poder es un dictador. Obama, por eso, ha sido pillado fuera de base, si bien otros jugadores regionales, digamos los regímenes islámicos autoritarios o la propia “democracia” mutilada de Israel, están peor.
Como la revolución egipcia fue desatada por contagio, la principal preocupación para el futuro es el así llamado efecto dominó. Al rompe, las víctimas potenciales más probables son Yemen, Argelia, Siria y Jordania, si bien Arabia Saudita, Libia, Marruecos o el propio Irán no están a salvo. El factor Israel parece congelado, pero sin duda surgirá luego, dado que el agresivo e intransigente Estado judío es una herida abierta en el flanco de las mayorías árabes.
Más difícil resulta establecer quién sale favorecido con la revolución egipcia, pues aparte de decir que le conviene a la gran masa de oprimidos, su carácter acéfalo no permite señalar ganadores claros. El factor determinante que la desató fue primero que todo la inflexibilidad del régimen, que no daba juego a nadie que no se sometiera a sus caprichos. Un segundo factor fue la combinación entre tecnología, educación, comunicaciones instantáneas y pobreza. Grandes masas de jóvenes se educaron y han ido adquiriendo habilidades cibernéticas que los empoderan. Otro factor fue la explosión demográfica, pues Mubarak tiene 82 años, mientras que más del 50% de la población egipcia tiene menos de 25 años y ve el futuro negro.
Sobra decir que nada ha concluido, y al menos yo seguiré pendiente de Al Jezeera
Aunque Egipto no tiene petróleo, no se debe subestimar ni por un instante su importancia estratégica. No sólo es el país más poblado del Medio Oriente, sino que hace muchas décadas actúa como precursor ideológico del mundo árabe. La zona a su vez es geopolíticamente crucial en el mundo —muchísimo más que América Latina, valga el ejemplo— debido a las inmensas reservas de hidrocarburos que alberga, imbricadas en una muy peligrosa volatilidad política de la que los eventos recientes son apenas una muestra.
Si se quiere entender lo que está en juego, piénsese en la consecuencia inevitable de toda revolución: el cambio. ¿A quién le aprovecha el cambio no sólo en Egipto, sino en el Medio Oriente, y a quién no? Es más fácil responder la segunda parte de la pregunta. El cambio no favorece a Estados Unidos ni al resto de Occidente, pues ellos nunca se interesaron en promover la democracia en la región. Da risa ver a los gringos descubrir ahora que un presidente que lleva 30 años en el poder es un dictador. Obama, por eso, ha sido pillado fuera de base, si bien otros jugadores regionales, digamos los regímenes islámicos autoritarios o la propia “democracia” mutilada de Israel, están peor.
Como la revolución egipcia fue desatada por contagio, la principal preocupación para el futuro es el así llamado efecto dominó. Al rompe, las víctimas potenciales más probables son Yemen, Argelia, Siria y Jordania, si bien Arabia Saudita, Libia, Marruecos o el propio Irán no están a salvo. El factor Israel parece congelado, pero sin duda surgirá luego, dado que el agresivo e intransigente Estado judío es una herida abierta en el flanco de las mayorías árabes.
Más difícil resulta establecer quién sale favorecido con la revolución egipcia, pues aparte de decir que le conviene a la gran masa de oprimidos, su carácter acéfalo no permite señalar ganadores claros. El factor determinante que la desató fue primero que todo la inflexibilidad del régimen, que no daba juego a nadie que no se sometiera a sus caprichos. Un segundo factor fue la combinación entre tecnología, educación, comunicaciones instantáneas y pobreza. Grandes masas de jóvenes se educaron y han ido adquiriendo habilidades cibernéticas que los empoderan. Otro factor fue la explosión demográfica, pues Mubarak tiene 82 años, mientras que más del 50% de la población egipcia tiene menos de 25 años y ve el futuro negro.
Sobra decir que nada ha concluido, y al menos yo seguiré pendiente de Al Jezeera
Las conquistas de la revolución. Cuatro semanas de revueltas sociales han dado frutos. Ahora, los tunecinos no están dispuestos a renunciar a sus conquistas. Le han perdido el miedo al régimen. Si Ghanuchi y los suyos no se aplican para restaurar las libertades públicas, los tunecinos volverán a la calle. "Nosotros hemos decidido esta revolución y vamos a decidir quién es nuestro líder", afirmaba ayer Tarek, de 30 años, en la manifestación crucial que forzó la fuga de Ben Ali. De momento, es probable que las protestas se aplaquen, aunque podrían continuar las manifestaciones y los enfrentamientos de los descontentos. Muchos pueden aún aprovechar el caos para continuar saqueando tiendas y establecimientos.
Por primera vez en mucho tiempo, los tunecinos se sienten libres. Semanas de protestas contra la represión, la corrupción y el desempleo han logrado lo que parecía imposible: que Zin el Abidin Ben Ali dejara el poder. Veintitrés años de dictadura son muchos y ahora habrá que enseñar al país a vivir de otra manera.
- ¿Fin de una era?. a caída de Ben Ali, de 74 años, no marca por sí sola el fin del régimen. Pero en el mundo árabe, es el culto a la personalidad el que manda. El nuevo presidente, Mohamed Ghanuchi, ha prometido aplicar reformas que restauren la estabilidad perdida para esta pequeña potencia turística de 10 millones de habitantes. Pero se abren interrogantes sobre si será capaz de obtener el apoyo de la calle. Quedan muchas cosas por cambiar en un país regido por un partido único, el Reagrupamiento Constitucional Democrático, desde 1956 (el año de la independencia del colonialismo francés). Ghanuchi es uno de los miembros más prominentes de su 'vieja guardia' y ha sido primer ministro durante más de una década. "El RCD es como la Falange bajo el régimen de Franco", explica Tare Chabuni, miembro de la Ejecutiva del Partido opositor Tajdid (izquierda progresista laica). "Debe desmantelarse", concluye.
- El papel del Ejército. Las fuerzas armadas tunecinas tendrán un papel clave en los próximos meses. Ben Ali ya no gozaba del favor de algunos sectores del Ejército, algo que algunos apuntan a la razón de su salida precipitada del país. Durante cuatro semanas de agitación social, el Ejército ha ejercido un papel equilibrador, negándose a disparar contra la multitud. Los tunecinos respetan a sus fuerzas armadas y le confieren un papel de garante de la estabilidad.
- Enbusca de un presidente. Pocos creen que Ghanuchi sea el hombre que suceda a Ben Ali durante mucho tiempo. Se trata de un tecnócrata -al que llaman "el ordenador tunecino" por sus conocimientos enciclopédicos sobre economía- que carece de ambiciones políticas. Aunque todo es posible en este país norteafricano. La propia historia lo corrobora. Ben Ali era ministro del Interior durante la presidencia de Habib Burguiba. En 1987, cuando el 'rais' fue declarado incapaz, Ben Ali se presentó como el 'salvador' del país. Pero logró perpetuarse en el poder durante más de dos décadas.
- La soñada democracia. ¿Habrá democracia en Túnez? Esta es la pregunta que todos se hacen ahora. Los retos son múltiples: restaurar las libertades civiles, la libertad de expresión, una justicia independiente, limpiar la economía de la corrupción, educar a las fuerzas de seguridad en el respeto a los derechos humanos... Poner fin a un Estado policial que no duda en emplearse con brutalidad con sus ciudadanos no es fácil. Se puede empezar por organizar elecciones libres, aunque primero habrá que reformar la ley electoral y cambiar la naturaleza del partido único RCD para permitir que otros partidos tengan voz. Serán horas cruciales para la oposición tolerada y los líderes en el exilio.
La "Revolución de los jazmines" toma más fuerza de la esperada
De Egipto a Jordania, pasando por Yemen, la "Revolución de los jazmines" comienza a alcanzar regímenes árabes que están en el poder desde hace décadas gracias al yugo del miedo y la corrupción.
Luego de Túnez, "el asunto ya no es cuál será el siguiente, sino cual (régimen) se salvará", afirma Amr Hamzawy, director de investigaciones de la fundación Carnegie en Oriente, para quien las manifestaciones populares podrían alcanzar la mayoría de los países árabes, excepto las monarquías petroleras del Golfo.
"Se trata de una verdadera tendencia regional, en Egipto, Argelia, Jordania, Yemen... donde los ciudadanos salen a la calle para reclamar sus derechos sociales, económicos y políticos", agregó el analista. "Es una dinámica que se desencadenó en el mundo árabe", dijo el universitario Bourhan Ghalioun, autor dese 1977 de un "Manifiesto para la democracia" en el mundo árabe.
"Lo que se produjo en Túnez rompió la costumbre del miedo y mostró que era posible.
--con velocidad sorprendente-- tumbar un régimen y que no era tan difícil como se imaginaba", agregó Ghalioun, director del Centro de Estudios sobre el Oriente Contemporáneo (CEOC) en París.
Egipto es escenario desde el martes de las protestas más importantes desde la llegada al poder en 1981 del presidente Hosni Mubarak, que pueden intensificarse aún más el jueves por la noche con el regreso del opositor Mohamed ElBaradei.
La fiebre llegó a Yemen donde miles de personas manifestaron el jueves para reclamar la salida del presidente Alí Abdalá Saleh, en el poder desde hace 32 años, mientras que los Hermanos Musulmanes de Jordania --la principal fuerza de oposición-- llamaron a una nueva manifestación el viernes.
Ghalioun descartó sin embargo un "contagio mécánico" a causa de las especificidades de cada país, y subrayó "que ningún proceso de cambio se parecerá a los otros".
Pero los movimientos de protesta que comienzan a alcanzar los regímenes árabes tienen un punto en común: son conducidos en especial por jóvenes y las clases medias, a través de internet y las redes sociales. "Es el resultado de lo que los regímenes autocráticos hicieron a la política en el mundo árabe: los partidos de oposición fueron debilitados o sistemáticamente aislados, y son entonces los ciudadanos los que se movilizan ahora", añadió Hamzaui.
Los movimientos de protesta revelaron sobre todo hasta qué punto muchos regímenes, cuyos dirigentes establecen récords de longevidad en el poder, carecen de legitimidad popular. "La legitimidad no puede ser construida con represión ni con la negación de los derechos políticos y sociales", aseguró Hamzaui. "Nadie puede aceptar esto en el siglo XXI y los árabes no son la excepción".
En algunos países, los dirigentes han comenzado a ceder, como en Jordania, donde el rey Abdalá II prometió "adelantarse" en las reformas poíticas y económicas, o en Yemen, donde el presidente Saleh aseguró que no pensaba transmitir el poder a su hijo.
Pero en el mundo árabe, donde "la mayoría de los regímenes son vistos por la mayoría de la población como máquinas de opresión, corrupción y destrucción", para retomar las palabras de Ghalioun, todavía no se sabe si esas reformas serán suficientes.
Para Ghassan Charbel, redactor en jefe del influyente diario panárabe al Hayat, o "los regímenes árabes escuchan las reivindicaciones populares y deciden comprometerse con verdaderas reformas, o continúan apoyándose en los aparatos de seguridad, y en esos casos los regímenes podrían derrumbarse" uno tras otro.
Luego de Túnez, "el asunto ya no es cuál será el siguiente, sino cual (régimen) se salvará", afirma Amr Hamzawy, director de investigaciones de la fundación Carnegie en Oriente, para quien las manifestaciones populares podrían alcanzar la mayoría de los países árabes, excepto las monarquías petroleras del Golfo.
"Se trata de una verdadera tendencia regional, en Egipto, Argelia, Jordania, Yemen... donde los ciudadanos salen a la calle para reclamar sus derechos sociales, económicos y políticos", agregó el analista. "Es una dinámica que se desencadenó en el mundo árabe", dijo el universitario Bourhan Ghalioun, autor dese 1977 de un "Manifiesto para la democracia" en el mundo árabe.
"Lo que se produjo en Túnez rompió la costumbre del miedo y mostró que era posible.
--con velocidad sorprendente-- tumbar un régimen y que no era tan difícil como se imaginaba", agregó Ghalioun, director del Centro de Estudios sobre el Oriente Contemporáneo (CEOC) en París.
Egipto es escenario desde el martes de las protestas más importantes desde la llegada al poder en 1981 del presidente Hosni Mubarak, que pueden intensificarse aún más el jueves por la noche con el regreso del opositor Mohamed ElBaradei.
La fiebre llegó a Yemen donde miles de personas manifestaron el jueves para reclamar la salida del presidente Alí Abdalá Saleh, en el poder desde hace 32 años, mientras que los Hermanos Musulmanes de Jordania --la principal fuerza de oposición-- llamaron a una nueva manifestación el viernes.
Ghalioun descartó sin embargo un "contagio mécánico" a causa de las especificidades de cada país, y subrayó "que ningún proceso de cambio se parecerá a los otros".
Pero los movimientos de protesta que comienzan a alcanzar los regímenes árabes tienen un punto en común: son conducidos en especial por jóvenes y las clases medias, a través de internet y las redes sociales. "Es el resultado de lo que los regímenes autocráticos hicieron a la política en el mundo árabe: los partidos de oposición fueron debilitados o sistemáticamente aislados, y son entonces los ciudadanos los que se movilizan ahora", añadió Hamzaui.
Los movimientos de protesta revelaron sobre todo hasta qué punto muchos regímenes, cuyos dirigentes establecen récords de longevidad en el poder, carecen de legitimidad popular. "La legitimidad no puede ser construida con represión ni con la negación de los derechos políticos y sociales", aseguró Hamzaui. "Nadie puede aceptar esto en el siglo XXI y los árabes no son la excepción".
En algunos países, los dirigentes han comenzado a ceder, como en Jordania, donde el rey Abdalá II prometió "adelantarse" en las reformas poíticas y económicas, o en Yemen, donde el presidente Saleh aseguró que no pensaba transmitir el poder a su hijo.
Pero en el mundo árabe, donde "la mayoría de los regímenes son vistos por la mayoría de la población como máquinas de opresión, corrupción y destrucción", para retomar las palabras de Ghalioun, todavía no se sabe si esas reformas serán suficientes.
Para Ghassan Charbel, redactor en jefe del influyente diario panárabe al Hayat, o "los regímenes árabes escuchan las reivindicaciones populares y deciden comprometerse con verdaderas reformas, o continúan apoyándose en los aparatos de seguridad, y en esos casos los regímenes podrían derrumbarse" uno tras otro.
martes, 8 de marzo de 2011
Analisis de Diana Uribe
http://caracoltv.com/noticias/mundo/video-206183-puede-pasar-egipto-analisis-de-diana-uribe
La reconocida historiadora nos explica por qué se está dando una revolución en el mundo árabe, y nos hace un breve recuento del proceso de democratización en otras regiones del mundo.
La reconocida historiadora nos explica por qué se está dando una revolución en el mundo árabe, y nos hace un breve recuento del proceso de democratización en otras regiones del mundo.
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